Sobre los malos humos y la necesidad de dejarlos atrás

Ya desde el primer curso de Medicina, los profesores, en cuanto tienen oportunidad, nos recuerdan los inconvenientes del tabaco así como nos insisten en que no fumemos. Estas advertencias se intensifican cuando estudiamos la fisiopatología de los procesos respiratorios y alcanzan su máxima expresión en Patología Respiratoria. Pero es que no es para menos.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata a más de 5 millones de personas al año en el mundo y es el responsable de la muerte de 1 de cada 10 adultos. Concretamente, en España son 50000 las muertes causadas por este hábito; más que todas las producidas por accidentes de tráfico y el consumo de drogas ilegales juntos. El tabaco es responsable del 90% de los casos de cáncer de pulmón así como es factor de riesgo para otras patologías respiratorias no tumorales y enfermedades cardiovasculares.

Sobre los malos humos y la necesidad de dejarlos atras

Por si estos motivos fueran pocos, esta inmensa carga asistencial y su consiguiente coste económico tienen un gran impacto en nuestro sistema sanitario. Sin embargo, por el simple hecho de acabar con el tabaquismo nos ahorraríamos muchas consultas y cantidades ingentes de dinero que podríamos invertir en otras enfermedades que no dependen tan directamente de nuestra voluntad. A tenor de estos hechos, resulta llamativa la actitud de unos médicos británicos a la hora de negar el tratamiento a un paciente por su condición de fumador, ya que este factor afectaba drásticamente al pronóstico de su tratamiento (ver noticia). En cualquier caso, parece coherente que toda persona que defienda un sistema sanitario público y universal y abogue por su máxima eficiencia debería abstenerse del hábito tabáquico y combatirlo.

Siendo conscientes de todos estos datos devastadores junto a la dramática realidad respecto al elevado consumo de tabaco a nivel mundial, resulta ineludible para nosotros y nosotras, estudiantes de medicina y futuros médicos, comprometernos con la sociedad en la erradicación de este hábito tóxico. Debemos informar sobre sus perjuicios, educar en una vida libre de humos y ayudar a aquellas personas que fuman para que dejen su adicción. Como es natural, todo esto carece de sentido si nosotros y nosotras fumamos, luego resulta fundamental predicar con el ejemplo.

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