Prevención del cáncer de piel

Antes de adentrarnos al análisis de la cuestión objeto de este trabajo, debemos puntualizar algunos conceptos básicos, importantes a la hora de generar en el lector, real conciencia de la necesidad de tomar recaudos con el fin de prevenir la aparición de esta patología.

Comenzaremos así por definir al cáncer cutáneo como una afección en la que se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos de la piel.

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Esta afección puede clasificarse principalmente en dos tipos: el no melanoma, casuísticamente más común, entendido como el carcinoma de células basales y el carcinoma de células escamosas; y por el otro lado el melanoma, en la práctica menos frecuente pero más agresivo por su alta capacidad de producir metástasis.

Esta patología puede presentarse en cualquier área del cuerpo, pero generalmente afecta aquella zona expuesta a menudo a la luz solar, tal como la piel de la cara, el cuello, las manos y los brazos.

Las causas que propician la aparición de nuevos casos, cuyo pronóstico de curación dependerá de la detección precoz y la correcta extirpación, pueden ser tanto ambientales, como el deterioro de la capa de ozono; o propios del paciente, como la falta de prevención diaria.

A continuación desarrollaremos en profundidad las dos causales mencionadas:

1) AMBIENTALES: Implica la exposición a:

Radiación ultravioleta: periódica e intensa, en particular durante la infancia y la adolescencia. Suele darse como por ejemplo en trabajadores rurales o marines. También incluye a aquellas quemaduras de sol con ampollas; o los tratamientos que requieren PUVA o UVB; las cabinas de bronceado; o en personas residentes en países de latitudes ecuatorianas.
Radiación ionizante (radiodermitis): Rayos x, gamma.
Productos químicos como el arsénico, la brea industrial, la hulla, o la parafina.
• O aquellas lesiones generadas por el virus papiloma humano (HPV).

2) DEL PACIENTE: Implica diversos factores como:

Condiciones genéticas y hereditarias: se genera en sujetos caucásicos, en los adultos mayores, en aquellos xerodermapigmentosos (patología hereditaria muy poco frecuente en la que esta reducida la capacidad de la piel para reparar los daños que sufre el ADN como consecuencia de la exposición a la luz solar.), en albinos, y también en casos de melanoma familiar.
Dermatosis inflamatorias e infecciosas crónicas.
Traumatismos e irritaciones crónicas que pueden clasificarse en:

  • Genitales: en hombres mayores no circuncidados.
  • Bucales: en pacientes con hábitos de consumo de tabaco y alcohol; o por prótesis dentarias mal adaptadas.
  • Manos y pies: expuestos a traumatismos reiterados.

Queratosis actínicas.
Cicatrices: principalmente las de quemaduras.
• Inmunosupresión: el sistema inmunológico de una persona ayuda a combatir los cánceres de piel y de otros órganos.
Nevo melanocítico congénito gigante.
Lunar atípico o nevo displásico: este tipo de lunar se parece ligeramente a un lunar normal, pero también tiene algunas características del melanoma. Suele ser más grande que otros lunares, y presenta una forma o color anormal.

La gran incógnita a resolver es: ¿Cómo podemos darnos cuenta que quizás soy un paciente que padece cáncer de piel?
A los fines de dar una respuesta suficiente a esta pregunta debemos tener en cuenta que existen ciertas señales y/o síntomas que no podemos obviar, y frente a los cuales debemos consultar a un profesional de la salud especializado en el tema. Ellos son:

• Alteración como una mancha o protuberancia que cambia de tamaño, forma, color, descama, se inflama o empieza a exudar.
• Herida que no cicatriza.
• Mancha o herida que cambia en cuanto a sensación como comezón, dolor o hipersensibilidad.
• Pequeña protuberancia lisa, brillante, pálida o cérea; que puede sangrar o presentar una costra o pigmentación oscura.

Asimismo, para diferenciar el melanoma de un lunar normal existe la regla ABCDE:

A de Asimetría: la mitad del lunar o marca de nacimiento no corresponde a la otra mitad.
B de Borde: los bordes son irregulares, desiguales, dentados o poco definidos.
C de Color: el color no es uniforme y pudiera incluir sombras color marrón o negras, o algunas veces con manchas rosadas, rojas, azules o blancas.
D de Diámetro: el lunar mide más de 6 milímetros de ancho, aunque los melanomas algunas veces pueden ser más pequeños que esto.
E de Evolución: el tamaño, la forma o el color del lunar están cambiando.

Sin embargo, algunos tumores no siguen las reglas ABCDE. Por ello, otra señal importante a tener en cuenta es observar detalladamente aquel lunar que luzca distinto a los otros (conocido como el signo del patito feo). Resulta importante que informe a su médico sobre cualquier cambio en la piel, o lunar nuevo que aparezca a simple vista distinto al resto.

Prevención

Una vez aclarados ciertos conceptos, hemos llegado al objetivo de este artículo: la prevención del cáncer de piel.

La forma más importante de reducir el riesgo de desarrollar un cáncer de piel es evitar exponerse sin protección a los rayos solares y a otras fuentes de luz ultravioleta durante todo el año, y no sólo en verano.

Es importante que esta precaución se tenga desde la infancia, pues se ha demostrado que el 80 por ciento de los daños que el sol puede causar en la piel ocurren antes de cumplir los 18 años.

Algunas recomendaciones para prevenir la aparición de este tipo de cáncer son:

Protegerse de los rayos solares
Evitar exponerse al sol entre las 10:00 y las 16:00 horas.
Elegir lugares a la sombra
Vestir de mangas largas y con un sombrero de ala ancha que permita aumentar la protección frente a la radiación solar. Por lo general, las telas de tejido apretado ofrecen también mejor protección.
Respecto a las gafas de sol, utilizar aquellas que tienen un porcentaje de absorción de rayos ultravioleta de un cien por ciento, ya que permite proteger de forma adecuada los ojos y el área de piel alrededor de los mismos.
Evitar completamente la exposición solar de un bebé menor a un año.
Cremas de protección solar
Utilizar siempre una crema de protección de factor 30 o más en las áreas de la piel expuestas al sol, particularmente cuando la luz es intensa. Las personas de piel clara y las que se queman con facilidad deben aplicarse una crema con mayor factor al mencionado.
Para que sea eficaz, el protector debe aplicarse media hora antes de la exposición al sol en todas las áreas de la piel visibles, y debe re-aplicarse cada dos horas, sobretodo si el paciente es de sudar en exceso o realiza alguna actividad deportiva.
Se debe tener en cuenta que las radiaciones solares se reflejan en nieve (+80%), en arena (+25%) y en agua o hierba (+10%); lo que provoca que aumenten sus efectos al incidir directamente sobre la piel. La radiación también aumenta con la altura, como por ejemplo en entornos de montaña. Por lo que en estos casos, se deben emplear cremas protectoras con factores incluso más altos que 30.
Observar de cerca la piel
Realizar una autoexploración del cuerpo cada uno o dos meses. Comenzar por el rostro, seguir con los brazos en alto, de frente; luego analizar el tronco de cada lado y de espalda. Continuar con los brazos, antebrazos y palmas de la mano; las piernas, los espacios entre los dedos y las palmas de los pies. Después, con un espejo de mano, examinar la parte posterior del cuello, la parte inferior de la espalda, las nalgas y los genitales.

Por último, acudir anualmente al dermatólogo para una inspección de la superficie corporal total que resulta de gran relevancia para combatir el cáncer trabajando desde la prevención y detección temprana.

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