¿Por qué es importante el estudio de la personalidad en la prevención y tratamiento de drogodependencias?

Es un hecho que muchas personas consumen drogas y no desarrollan graves problemas por ello, mientras que otras quedan atrapadas en el consumo y ven gravemente alterada su vida. También es un hecho conocido que muchas de estas personas son capaces de dejar el consumo por sus propios medios, mientras que otras sólo lo consiguen tras involucrarse en tratamientos más o menos complejos, y que algunas de ellas no dejan de consumir nunca, a pesar de las terribles consecuencias que ello comporta para su vida. Si la sustancia es la misma para todas ellas ¿dónde puede estar la razón para tales diferencias?

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Como ya nos mostró Zimberg en 1984, en su incontestable trabajo “Drug, set and setting”, esta relación se configura como un triángulo en el que los tres vértices son: la sustancia, la persona y el contexto. El estudio de la personalidad es en realidad el estudio de la vinculación entre cada persona y el contexto en el que se desarrolla, de modo que la personalidad se configura como una de las aristas del problema que queremos comprender. Como todo concepto, no representa una realidad tangible, sino que muchos investigadores se han aproximado a su comprensión desde muy diferentes perspectivas, generándose diversos modelos más o menos útiles para el estudio y la aplicación clínica. Todos ellos tienen en común que consideran la existencia de ciertos patrones estables de comportarse, pensar y sentir, a los que se denomina rasgos. Cada rasgo, pues, supone una fracción de la manera en que el sujeto ha utilizado su dotación genética para enfrentarse al mundo, para buscar sus refuerzos y afrontar las dificultades que encuentra para obtenerlos, y ello a partir de un proceso de aprendizaje que ha ido modulando tanto la expresión de sus genes (lo que denominamos “factores epigenéticos”) como la representación mental que ha ido formando sobre el mundo, sobre lo que es gratificante y lo que es aversivo.

Entonces, podemos afirmar que cada persona se enfrenta al consumo de drogas desde su dotación genética y desde el proceso de aprendizaje que le ha proporcionado su experiencia vital: es decir, desde su personalidad. Ciertos rasgos pueden favorecer que la persona mantenga un control sobre las consecuencias del consumo. Por el contrario, otros rasgos pueden llevar a la persona a preferir las gratificaciones inmediatas sin tener en cuenta las consecuencias futuras. En tercer lugar, ciertas personas capaces de mantener controlado el consumo pueden llegar a perder el control cuando repiten una y otra vez la administración de la sustancia (o la ejecución de conductas que no implican consumo de sustancias, como puede ser el juego de apuestas).

Si la investigación científica consigue identificar tales rasgos y en qué contextos se expresan de modo que favorezcan la pérdida de control, estaremos en condiciones de:

  • (a) desarrollar programas de prevención que identifiquen a sujetos en riesgo y, en consecuencia, podremos desarrollar programas específicamente dirigidos a modular o modificar los rasgos problemáticos (ej., la impulsividad) antes de que se expresen en contextos que favorezcan la pérdida de control (ej., moldear la impulsividad del niño antes de que llegue a la adolescencia)
  • (b) diseñar programas de tratamiento que incidan específicamente sobre los rasgos que han favorecido la adquisición y mantenimiento de la conducta adictiva, mediante acciones que modifiquen el medio interno del sujeto (ej., rehabilitación cognitiva) o el contexto en el que se desenvuelve (ej., rediseño ambiental). En una palabra, podemos anticiparnos al problema y actuar de forma más efectiva e individualizada cuando éste ya se ha establecido.

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