“Mamá, ¡quiero estudiar medicina!”

Medicina es una de las opciones académicas más populares entre los recién graduados de nivel medio superior; sin embargo, el último año no figuró dentro del “Top 10” de las carreras más demandadas en México. Cabe señalar que, según los resultados estadísticos de hace 2 años por parte de la máxima casa de estudios (UNAM), el 60% de los nuevos ingresos eligieron medicina, derecho, contaduría y administración. Probablemente esta profesión siga siendo una de las favoritas entre los graduados, ya que al médico siempre se le ha visto como una figura de respeto que inspira confianza; y, a pesar de que esa imagen se haya ido manchando a través de los años, muchos aún seguiremos sintiendo “esa llamada” que nos incita a ayudar al prójimo y dar nuestra vida por el bienestar común.

MamaQuieroEstudiarMedicina

Pero… ¿Cómo comienza todo? ¿Qué involucra estudiar medicina? ¿Cómo sé que elegí correctamente? Quizá con el tiempo, conforme vayas avanzando de semestre puedas ir respondiendo algunas preguntas, pero el verdadero momento que te pone los pies en la tierra y te hace consciente de la responsabilidad que conlleva ser médico es a partir del internado, cuando conoces el sistema de salud y te enfrentas a los casos clínicos reales en un lugar donde falta infraestructura, equipo y materiales, cuando tu día laboral termina después de 34-36 horas continuas. Mi experiencia no es muy diferente a la de los demás pero probablemente les ayude a darse una idea de lo difícil que puede llegar a ser cuando eres joven y crees que puedes “tapar al sol con un dedo”…

…Yo aún recuerdo el día que pronuncié esa frase delante de mis padres (“Quiero estudiar medicina”), cuando pensaba que el gusto por las ciencias y el deseo de ayudar a las personas sería suficiente para ser médico y que elegir la universidad donde pasaría los próximos 6 años era prácticamente irrelevante porque “la escuela no te forma, tú formas la escuela”. Pero  ya había renunciado a la carrera de Ingeniería en Audio y Sonido, era muy sencilla para mí (pensaba), necesitaba más presión, más materias que cursar y mi lado altruista gritaba por medicina así que… me inscribí.

Con el paso del tiempo descubrí que en realidad medicina no es una carrera más que imparte la universidad, es una lenta metamorfosis donde te adaptas a una nueva forma de vida, a un nuevo horario, es apasionarte por leer libros para conocer la respuesta (no leer para estudiar y pasar el examen), es sacrificar tiempo con la familia por estar en una biblioteca leyendo o en un hospital lejano tomando clases. Verás a muchos de tus amigos y compañeros quedarse en el camino, algunos por aferrarse a una imagen de mercadotecnia tipo “Dr. House”, “Anatomía de Grey” (o “E.R.” en mi época), otros por enfocarse erróneamente al ámbito económico o simplemente porque reprueban alguna materia, se dan por vencidos y se hacen a la idea de que no se ven en un hospital encerrados dando consulta. En lo personal creo que no importa lo avanzada que lleves la carrera, si no te apasiona o satisface, DÉJALA.

Desde aquí puedo decirte que si no estás dispuesto a sacrificarte, no deberías elegirla puesto que medicina te pone a prueba todos los días, cada semestre, cada año se va tornando mucho más difícil; y justo cuando crees que todo mejorará llega el Internado Médico de Pregrado.

Ok, el internado” – piensas. Has escuchado de él e intuyes que será complicado pero tienes esa esperanza de que tus conocimientos te “salvarán”. Conoces a tus compañeros de equipo que estarán contigo los primeros 6 meses, comienzas a hacer guardias cada tercer día, durmiendo un aproximado de 27 horas a la semana, comiendo 1 vez al día (o 2 si tienes tiempo)… y es en ese punto donde caes en la cuenta de que tu hogar es el hospital y aquél lugar (ahora casi desconocido) al que llamabas casa es solo una extensión donde duermes y te aseas.

Un año después terminas el internado y sientes que un gran peso cae de tus hombros, ya eres Médico Pasante del Servicio Social.

Sí, el médico pasante. Un momento de tu vida donde no eres médico general ni estudiante, pero trabajas las jornadas más largas a cambio de una paga tan escasa que apenas te servirá para llegar a tu “pueblito” en transporte público (si, porque a menos de que tus padres te apoyen económicamente, con la paga tan mala que recibes no te alcanzará ni para la gasolina). En México desgraciadamente el pasante realiza más actividades administrativas (llenado del SIS, SUIVE, reportes del plan de Oportunidades, etc) que dar consultas a la población, ya que por momentos pareciera que son más importantes los “números” que la salud de la población. Pasan 365 días, ya hiciste tu diagnóstico de salud (y el resto del papeleo burocrático), te dan luz verde y ¡POR FIN! Te entregan tu carta de liberación del Servicio Social, pero aún NO ERES MÉDICO.

Tendrás que esperar todavía algunos meses para que tu universidad expida tu título y cédula profesional registrados oficialmente ante el Sistema Integral de Registro del Ejercicio Profesional.

Tras una larga espera por fin tienes la fecha de tu ceremonia de titulación y estás ahí, parado esperando tu turno con tu toga y birrete, vienen a tu mente todos esos momentos donde pensaste que no podrías seguir, todas las fiestas que dejaste pasar y el esfuerzo de tus padres por intentar darte todo lo que necesitabas. Sabes que valió la pena, que el siguiente paso que darás será con más seguridad, responsabilidad y madurez. Que la vida va más allá de pasar un examen y, por contradictorio que pueda parecer, la carrera que elegiste te ha convertido en un médico con visión y liderazgo, lleno de sueños y esperanzas pero a la vez con muchos retos aún por superar.

Para ti que aún dudas si elegir o no medicina como profesión (y deseas un poco más de esperanza) puedo decirte que es una carrera maravillosa y varía el sistema de estudio de país en país pero hay una cosa que permanece constante: es para gente que tiene hambre de conocimiento y busca generar un impacto en la sociedad.

Al final, cualquiera puede inscribirse y estudiar medicina, pero pocos tienen vocación y pueden realmente ser excelentes médicos en la práctica, apasionados por su trabajo y orgullosos de su alma mater que los vio nacer.

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