La vacunación, un valor incuestionable

Las vacunas, y en concreto los programas de vacunación, son una de las estrategias preventivas más beneficiosas en salud pública y pueden considerarse como una de las intervenciones más coste-efectivas desde una perspectiva social y sanitaria. En todas las regiones del planeta, tanto en países en desarrollo como en los más desarrollados, las vacunas reducen la morbilidad y la mortalidad de las enfermedades infecciosas para las que van dirigidas. Gracias a la vacunación se pudo erradicar la viruela del mundo, se ha conseguido la eliminación de la polio en las Américas, Europa, y algunas regiones de Asia, se ha reducido de forma espectacular la carga global de sarampión, difteria, tos ferina y tétanos, y se han constatado niveles bajos “récord” de otras enfermedades prevenibles con vacunas en países desarrollados como respuesta a la introducción de programas de vacunación sistemática frente a rubeola, parotiditis, Haemophilus influenzae tipo b, hepatitis B, varicela, neumococo y rotavirus.

post-vacunacion

La gran efectividad de las vacunas no es debida exclusivamente al beneficio individual del vacunado, sino a la inmunidad de grupo generada a nivel poblacional cuando se obtienen altas tasas de cobertura en la comunidad. Esta inmunidad de grupo es la que permite que no circulen en la comunidad los microorganismos causantes de las enfermedades inmunoprevenibles, y que todos incluso los que por diversas razones no se han podido vacunar, queden protegidos de forma indirecta. Por ello es fundamental garantizar la seguridad de las vacunas a la población. Las vacunas, como productos biológicos y como cualquier otro producto farmacéutico, no están exentas de efectos adversos. En su gran mayoría son leves, bien tolerados y aceptables, aunque en raras ocasiones pueden producirse efectos de mayor gravedad. Las vacunas actuales tienen un adecuado perfil de seguridad, concepto que se refiere precisamente a este cociente beneficio/riesgo, en que los beneficios obtenidos con la reducción de enfermedades y sus complicaciones, son claramente superiores a los riesgos por los efectos adversos de las vacunas. Los riesgos para la salud y las complicaciones son muchísimo más frecuentes y graves si se padecen las enfermedades que las vacunas previenen.

Esta es la clave del éxito de las vacunas en la reducción y eliminación de enfermedades. Para ello es esencial el acceso universal a las vacunas y que éstas formen parte de los calendarios sistemáticos con financiación pública o subvencionada por fundaciones u organizaciones no gubernamentales en los países que no tengan suficientes recursos.

Por todas estas razones la vacunología esta en continua actualización y requiere que todo el personal sanitario, implicado en la administración de las vacunas, participe periódicamente en programas de actualización y formación continuada. Los cambios en la epidemiología de las enfermedades inmunoprevenibles, los nuevos conocimientos sobre el impacto de las vacunas en la población, la aparición de nuevas cepas, mutaciones o fenómenos de reemplazo para algunos microorganismos, y el desarrollo de nuevas vacunas requieren ampliar de forma constante los conocimientos. Pero además la posibilidad de vacunar frente a más enfermedades, la necesidad de incrementar el número de antígenos a administrar, especialmente en los primeros dos años de la vida, obliga a replantear los programas de vacunación con el fin de optimizar los calendarios de inmunización sistemática para que estos sean razonablemente amplios, coste-efectivos y sostenibles.

La vacunación es un valor incuestionable para toda la comunidad y su éxito un reto para todos los profesionales de la salud.

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