La importancia del error fundamental de atribución en la explicación de la conducta

En el pensamiento occidental está muy extendida la creencia de que  el comportamiento humano está motivado fundamentalmente, cuando no exclusivamente,  por las características de la persona. Este planteamiento se contradice con una larga tradición de investigación psicosocial que muestra la importancia del contexto. Por esta razón,  en su momento se acuñó el término de error fundamental de atribución para referirse a la tendencia a explicar  la conducta de los otros en base a disposiciones estables de personalidad y a minusvalorar la importancia de la situación.

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Los clásicos experimentos de Milgram sobre obediencia a la autoridad y de los de Zimbardo en la prisión de Stanford (muy conocidos por haber sido ampliamente tratados en programas de divulgación científica), muestran de forma inequívoca el poder de la situación. Personas socialmente bien adaptadas y sin trastornos psicológicos fueron capaces, por las demandas situacionales generadas en el experimento,  de realizar conductas violentas y vejatorias contra sus iguales. Al margen de la cuestión ética que plantean estudios de ese tipo, lo que se evidenció  es que aspectos como la figura de autoridad, la creencia de que se actúa por una buena causa, la difusión de responsabilidad, entre otros, son capaces de transformar a buenos ciudadanos en torturadores.

Esos resultados evidencian que una misma persona puede actuar de forma totalmente distinta en función de las exigencias del contexto. En un momento  puede actuar de forma solidaria y generosa y en otro de forma cruel y miserable. Pero no porque tenga una doble personalidad o por caprichos del azar, sino porque esa es la auténtica naturaleza del ser humano: ser capaz de lo más noble y de lo más abyecto. La historia nos muestra innumerables ejemplos de cómo un cambio en las circunstancias (por ejemplo, un conflicto intergrupal) convertía a antiguos vecinos y amigos en adversarios irreconciliables.

Esa concepción del ser humano puede resultar un tanto amenazante para muchas personas porque sustituye un mundo de certidumbres: en el mundo hay buenas y malas personas; por otro menos categórico: todo ser humano tiene la capacidad de actuar correcta o incorrectamente dependiendo de las circunstancias.  Pero al margen de que esa realidad sea más o menos molesta, lo que debe importar es conocerla para así poder actuar de forma más eficaz en la prevención de comportamientos socialmente indeseables.

Por tanto, el problema no es únicamente que el error fundamental de atribución brinde una imagen distorsionada del ser humano, sino que conduce a un diagnóstico equivocado de las motivaciones de la conducta. Y si el diagnóstico no es el correcto, cualquier intervención que se realice será ineficaz. Ese es realmente el problema.

Artículo escrito en colaboración con José Francisco Morales.

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