La importancia del diagnóstico en el tratamiento médico estético de las alteraciones del contorno corporal

Los cánones estéticos varían a lo largo de la historia, y las exigencias en el siglo XXI, han convertido al cuerpo humano en icono cultural por excelencia.
En nuestro tiempo, la búsqueda del “cuerpo perfecto” según el modelo mediático predominante, ha abierto camino a la cultura de la “modificación del cuerpo”, con una incremento en la demanda de tratamientos del contorno corporal mediante técnicas médico estéticas y/o quirúrgicas.
Mientras que en las civilizaciones pasadas el exceso de grasa corporal era un signo de salud y prosperidad cuando la mayoría de la población estaba sometida a una restricción de la alimentación y hambrunas frecuentes, en el siglo XX  la producción intensiva de alimentos y la  mecanización de la industria alimentaria erradicó el hambre en la mayoría de los países, lo cual asociado a una reducción de la actividad física ocasionó un desequilibrio entre la ingesta y el gasto, condicionando un incremento en la incidencia de obesidad a nivel mundial  que en las últimas décadas se ha convertido en un verdadero problema de salud pública. En Europa entre el 30% y el 80% de los adultos tienen sobrepeso.
Las demandas de tratamientos corporales se han incrementado en ambos sexos y si bien el sobrepeso y la obesidad afecta a hombres y mujeres, cuadros como la “celulitis” afectan principalmente a mujeres, siendo el inestetismo peor tolerado del siglo XXI.
También se solicitan tratamientos para la mejora del contorno corporal a más edad por lo que es preciso conocer que existen cambios fisiológicos relacionados con el envejecimiento, que también afectan con mayor frecuencia a las mujeres especialmente a partir de la menopausia. Estos cambios afectan tanto la piel como la distribución del tejido graso, músculos y estructuras osteoarticulares y consisten en:

  • Flacidez cutánea debida a la pérdida de colágeno de la dermis, deshidratación y atrofia epidérmica
  • A nivel del tejido graso, se produce una redistribución del mismo con disminución de la grasa en las caderas e incremento a nivel abdominal
  • En el tejido muscular se produce una pérdida de volumen y masa muscular con disminución de la potencia y el tono muscular de las extremidades. Es frecuente también la laxitud y atrofia de los glúteos
  • La pérdida de densidad ósea con disminución de la altura y cambio de la silueta es más evidente en mujeres postmenopáusicas. También se producen alteraciones articulares degenerativas y deformidades óseas de los pies
  • A nivel del sistema vascular son más frecuentes los signos de insuficiencia venosa crónica así como una mayor incidencia de edema de las extremidades inferiores por involución en el número y densidad de los capilares linfáticos

Por lo tanto, es imprescindible precisar el diagnóstico de la alteración del contorno corporal para poder indicar los tratamientos más adecuados.
Las técnicas aplicadas al diagnóstico del sobrepeso/obesidad  como la  antropometría y  estudio de la  composición corporal mediante técnicas de bioimpedancia permiten precisar el diagnóstico de obesidad como un aumento del peso corporal a expensas de la masa grasa.
En cuanto a las adiposidades localizadas se definen como depósitos de tejido adiposo localizados a nivel superficial en cara, tronco, abdomen o extremidades que no responden a la dieta ni al ejercicio físico. Histológicamente se trata de tejido graso normal para diferenciarlo de los tumores de partes blandas que involucran al tejido graso.
El cuanto al diagnóstico de la “celulitis” existen varias clasificaciones pero el signo característico es la denominada “piel de naranja” que afecta a más del 90% de las mujeres a nivel de muslos y glúteos. Excepcionalmente se trata de un cuadro “puro” ya que con frecuencia se asocia a grasa localiza, flacidez o pueden coexistir diferentes grados de “celulitis” en el mismo paciente.
En cuanto a la flacidez, debemos diferenciar la flacidez cutánea  de la muscular.
La flacidez muscular como inestetismo debe diferenciarse de las alteraciones del tono  muscular patológicas de origen neurológico (central o periférico), alteraciones metabólicas, etc. El diagnóstico es esencialmente clínico, valorando el tono muscular en reposo y con contracción, así como la existencia de flacidez cutánea asociada. En el abdomen se explorará la posibilidad de diastasis de rectos, hernias o eventraciones, las cuales pueden corroborarse con ecografía además de la palpación.
En caso de sospecha de alteraciones patológicas del tono muscular, las mismas deberán ser estudiadas con electromiograma antes de continuar con los tratamientos estéticos.
La flacidez cutánea presenta el mayor reto diagnóstico y terapéutico dados los pobres resultados de los tratamientos médicos estéticos a nivel corporal y las limitaciones de los tratamientos quirúrgicos debido a las extensas cicatrices como en el lifting crural, lifting de brazos, etc.
La flacidez cutánea puede estar ocasionada por cambios bruscos de peso, asociada al envejecimiento o tras el embarazo (especialmente a nivel abdominal) y puede responder a causas genéticas como el síndrome de laxitud cutánea o ser de carácter constitucional. Puede o no asociarse a flacidez muscular o grasa localizada.
La mayoría de los cuadros de “celulitis”, flacidez y adiposidades localizadas suelen asociarse en el mismo paciente, por lo que el diagnóstico clínico suele ser esencial para plantear diferentes procedimientos terapéuticos dirigidos a cada una de estas alteraciones. Este diagnóstico debe complementarse  con pruebas antropométricas y técnicas diagnósticas de carácter no invasivo, siendo la ecografía una de las más utilizadas.
El diagnóstico y seguimiento de los tratamientos del contorno corporal debería incluir un adecuado interrogatorio seguido de:

    • Inspección: debe ser estática  como la valoración del ombligo o existencia de asimetrías en adiposidades localizadasFigura 1 así como una inspección dinámica (ej., glúteos contraídos, maniobras de tracción de la piel para valorar la flacidez cutánea mientras se pide al paciente que contraiga los grupos musculares para valorar el  tono muscular).Figura 2A y Figura 2B

figura1
figura2

  • Palpación: pellizco para evidenciar la “piel de naranja “,  zonas de hipotermia, características del panículo adiposo, palpación de rebordes óseos en zona trocantérea, etc.
  • Antropometría: para el diagnóstico de sobrepeso y/o obesidad
  • Plicometría: para valorar el espesor del panículo adiposo
  • Ecografía: técnica no invasiva, repetible y de gran valor para valorar alteraciones cutáneas como estrías,  grosor de la piel y las características y espesor del panículo adiposo.Figura 3A, Figura 3B y Figura 3C

figura3
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figura5
A pesar del desarrollo de técnicas diagnósticas y de la cada vez mayor utilización de la ecografía en las consultas de medicina estética, aún nos encontramos con importantes limitaciones diagnósticas, especialmente a nivel corporal.
Las mayores limitaciones las encontramos en la valoración de la flacidez corporal, especialmente en lo concerniente a la flacidez cutánea, debido a la ausencia de datos objetivos para cuantificarla así como la falta de una clasificación reproducible.
No obstante, la aplicación de un protocolo diagnóstico adecuado permitirá ofrecer opciones terapéuticas específicas para cada alteración mediante el uso de técnicas científicamente probadas con protocolos de control y seguimiento para evaluar resultados y prevenir complicaciones.

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