La Genética Molecular: así se hizo. Parte II

Continuemos con la siguiente parte de La Genética Molecular: así se hizo. Parte I

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La historia de Miescher es la de un brillante investigador que desarrolló ingeniosos métodos experimentales y eligió el material adecuado para sus estudios, pero que carecía de la intuición necesaria para desarrollar sus propias teorías.
El descubrimiento de la nucleína se lleva a cabo cuatro años después de la publicación de las Leyes de Mendel y diez años después del “El origen de las especies” de Darwin. En esta “década prodigiosa de la Biología” se van a producir estos tres grandes acontecimientos históricos.

Emil Fischer

Emil Fischer

Si bien el libro de Darwin causó un gran revuelo, provocando acalorados debates en la comunidad científica y la religiosa, que sorprendentemente perduran aún hoy día, el trabajo de Mendel, publicado en una oscura revista de escasa difusión, las “Actas de la Sociedad de Historia Natural de Brno”, pasó totalmente desapercibido hasta su redescubrimiento cuarenta años después de forma independiente por De Vries, Correns y Tshermak. Por el contrario, el trabajo de Miescher ni fue ignorado ni causó polémica alguna, ya que al desconocerse su función, y por tanto su importancia, no pasaba de ser una misteriosa sustancia y fue conocido únicamente por los especialistas del campo que continuaron con su trabajo. Entre ellos destacamos a Albrecht Kossel, que en 1910 obtuvo el premio Nobel de Fisiología y Medicina, Richard Altmann, que acuñó el término ácido nucleico, y sobre todo Emil Fischer galardonado con el premio Nobel de Química en 1902 por su “trabajo en las síntesis de azúcares y purinas”, sin duda uno de los más grandes químicos orgánicos de toda la historia.
La caracterización química de los ácidos nucleicos alcanzó su apogeo con Levene, al que se debe el concepto de “nucleótido” como unidad estructural que se repite en el ADN, formada por ácido fosfórico, el azúcar desoxiribosa y una base nitrogenada (adenina, guanina, timina o citosina).

nucleotido

Genética. 10. DNA: la naturaleza química del gen. Pág. 287 Editorial Médica Panamericana

Phoebus Levene nació en 1869, en Sagor (Lituania), entonces perteneciente a la Rusia Imperial. Uno de los pocos judíos que logró ingresar en la prestigiosa Academia Imperial Militar de Medicina de San Petesburgo, que contaba con ilustres profesores como Borodín (más conocido por su música) en Química Orgánica, o Pavlov (más conocido por su perro) en Fisiología.

Phoebus Levene

Phoebus Levene

Los pogromos llevados a cabo entonces en Rusia, le obligaron a emigrar a Estados Unidos, donde trabajó primero en el departamento de Química Fisiológica de la Universidad Columbia de Nueva York y después en el Instituto de Patología de los New York State Hospitals. Viajó a Europa realizando breves estancias trabajando con Kossel, y posteriormente con Emil Fisher, donde aprendió síntesis orgánica.

En 1905 se incorporó al recién creado Instituto Rockefeller de Investigación Médica, donde su prestigio creció rápidamente así como sus recursos económicos y su número de colaboradores, convirtiéndose en uno de los científicos más poderosos e influyentes de su época.
Los datos obtenidos por hidrólisis de ácido nucleico, sugerían que las cuatro bases; adenina (A), guanina (G), timina (T) y citosina (C), se encontraban en igual proporción, lo que llevó a Levene a proponer su “teoría del tetranucleótido” según la cual los ácidos nucleicos estarían formados por repeticiones de las cuatro bases. Esta monotonía estructural descartaba su papel como molécula portadora de la información genética que se atribuía a la proteína, el otro componente de los cromosomas. El enorme prestigio de Levene contribuyó a que esta teoría fuese aceptada como un dogma indiscutible por toda la comunidad científica, con nefastas consecuencias, como veremos más adelante.

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