¿Cómo estudiará el alumno del futuro? ¿o ya del presente?

Hace unas semanas acudí a las Jornadas de docencia que organiza la Sociedad Española de Biología Celular. Los profesores que asistieron demostraron un interés especial en familiarizarse con las nuevas tecnologías e integrarlas en su labor docente, no solo por hacerla más atractiva sino también más eficiente. Quizá no sea extrapolable, lo que se comenta en unas jornadas de este estilo, al resto de los docentes, puesto que la simple asistencia durante dos días demuestra un interés especial en la docencia, y no siempre existe este interés en los profesores universitarios; a quienes se les exige más investigar y publicar. Sin embargo, aun no siendo extrapolable, observé muchos puntos de coincidencia entre los problemas planteados por los asistentes y que pueden interesar a los profesores de biología y de otras disciplinas de ciencias de la salud.

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A lo largo de las presentaciones que tuve ocasión de escuchar, las escasas críticas realizadas a las experiencias expuestas eran, quizá, debidas a las dificultades de implantarse en función del número de estudiantes por clase. Está claro que hay universidades que han conseguido implantar el “Estilo Bolonia” gracias a que sus grupos son poco numerosos, pero todavía quedan muchas aulas con 80 alumnos, y profesores que reúnen entre varios de sus grupos más de 250 en total, por lo que difícilmente podrán hacer una docencia y evaluación continua y personalizada.

A pesar de ello, la evaluación continua ha llegado a la universidad para quedarse; pocos serán los docentes que todavía evalúan a sus alumnos en un solo examen por curso. La suma de las diferentes evaluaciones consigue que por un lado el alumno vaya estudiando al día pero, además, permite su evaluación en distintas competencias. Ya no es suficiente demostrar una adquisición de conocimientos, sino  que hay multitud de parámetros que se deben evaluar también: como la capacidad de extraer información y saber hacer una síntesis de un tema; la de exponerlo de forma oral o por escrito, de realizar trabajos en equipo, o la capacidad crítica a la hora de evaluar un trabajo de un compañero.

Pero todas estas formas de evaluar al alumno también se convierten en un trabajo ímprobo para el docente. Seguramente, muchos habréis tenido la sensación de que os ha llevado a vosotros más tiempo y esfuerzo corregir trabajos de los alumnos que a ellos escribirlos. ¿Quién valora este esfuerzo? ¿Cómo se debe adaptar la labor docente para que con la reducción de horas de las mal llamadas “clases magistrales” el alumno adquiera los conocimientos y competencias y el profesor pueda evaluarlo de manera eficiente?

Está claro que la Universidad española está cambiando, pero también vemos que las herramientas informáticas  pueden acompañar y apoyar esta labor. En mi caso, iba a las Jornadas con la idea de exponer la evolución del libro de texto en estos últimos años y recopilar datos sobre qué materiales pueden adaptarse mejor a estos nuevos tiempos. Para ello solicité a los asistentes que rellenaran una pequeña encuesta y así conocer el uso que se hace habitualmente en las aulas de los materiales editoriales, tanto por parte de los alumnos como por parte de los docentes.

Todos tenemos claro que durante muchos años el alumno estudiaba de los apuntes que tomaba en una clase teórica y de los libros de referencia. El libro de texto era la base donde se fundamentaba toda la materia a evaluar. Pero los libros de texto también han ido evolucionando, y durante las últimas décadas se han incorporado recursos que facilitan el aprendizaje, como recuadros que conectan la materia con aplicaciones clínicas, textos destacados con lo más importante, casos clínicos, resúmenes al final del capítulo, y sobre todo ejercicios y preguntas de autoevaluación. El libro moderno, desde luego debe llevar multitud de gráficos e imágenes que ayudan a explicar el texto. Los materiales complementarios para el alumno y las imágenes para el docente en un sitio web se llevan incorporando tiempo, pero la aparición del ebook interactivo da un paso más, y permite que el alumno desde casa pueda ir estudiando y practicando los materiales audiovisuales que complementan a las clases de forma integrada (eBook Bioquímica).

Podemos decir que con la utilización de los  sistemas de gestión de aprendizaje (Learning Management System, LMS), incorporados  en la actualidad en la rutina universitaria, se sube un escalón más en esta línea evolutiva del libro de texto. En este caso, los docentes son los organizadores de los contenidos educativos, y desde la plataforma los ponen a disposición de los alumnos y también los evalúan.

¿Qué supone esto para el docente? Más trabajo, puesto que las presentaciones  en Power point ya no son suficientes. Quizá también supone un uso y abuso de materiales de terceros. Hay bastante desconocimiento de cómo se puede usar el material cedido por una editorial. De hecho, las editoriales permiten que los docentes utilicen sus materiales en las clases, pero no tanto que lo cedan a los alumnos de forma gratuita a través de la plataforma. En este punto, quizá, las editoriales deban asumir que la libre utilización por parte de los docentes de sus materiales editoriales es algo “inevitable”; además, según comentaban los profesores, esto  podría conseguir una promoción clara de dichos materiales, puesto que los alumnos observan que los profesores dan valor a dichos contenidos. Otro problema importante es la brecha digital, no sólo entre alumnos sino entre docentes, ya que no todos están dispuestos ni preparados para el uso de las nuevas tecnologías.

Por otra parte, parece que los alumnos están cada vez más dispuestos a que los profesores les den los materiales ya elaborados, y quizá se haya perdido el trabajo del alumno en la realización de sus apuntes de estudio. Será, de todas formas, tarea del propio docente evitar que esto ocurra, además de conseguir inculcar al alumno la importancia y necesidad de la elaboración de los contenidos para su propio aprendizaje.

El hecho de poder disponer de contenidos para la plataforma digital y hacer un seguimiento continuo del alumno, lleva a pensar que estas nuevas formas de enseñanza ayudan enormemente la labor docente. De los datos que recopilé en la encuesta (aunque no tienen valor estadístico, ya que la muestra era pequeña)  quedaban claros varios puntos. Por ejemplo, resulta curioso que los docentes dicen que sus alumnos consultan poco los materiales complementarios de los libros de texto que recomiendan, y que sin embargo la mayoría de los docentes los consideran muy importantes.  En este caso, la valoración tan dispar puede radicar en que estos materiales no siempre sirven para la evaluación del alumno: el alumno utiliza aquello que le sirve para mejorar la nota.

A la pregunta de si los alumnos o docentes prefieren el libro en papel o el libro electrónico, parece que consideran que ambas formas van a coexistir y podemos decir aproximadamente que su elección está al 50% papel y 50% eBook.  Habrá que seguir atentamente la evolución de este formato y ver si hay una repercusión en el estudio de las materias básicas.

Los datos recopilados en la encuesta referente al uso de las nuevas tecnologías por parte de los profesores, reflejan que todos usan plataformas LMS, y que la universidad les alienta (o exige) a que incorporen las nuevas tecnologías en la aulas. El formato de  semipresencialidad, muy discutido en las Jornadas de docencia, parece ser todavía un formato más destinado a los alumnos maduros (por ejemplo, de posgrado), y no se considera que en la actualidad el grado pueda incorporar este tipo de enseñanza de forma habitual. Sin embargo, los docentes ven con buenos ojos la posibilidad de utilizar un repositorio de materiales docentes  de las editoriales e integrarlos en su plataforma. Algunos de los materiales mejor valorados por los docentes son los materiales complementarios al texto que ayuden a profundizar en determinados temas, vídeos e imágenes interactivas, ejercicios y preguntas de opción múltiple disponibles en un banco de preguntas integrado en el sistema LMS.

Aunque seguimos sin poder adivinar cómo se estudiará en el futuro, habrá que ver cómo valoran los alumnos este tipo de herramientas, y sobre todo cómo se adaptan las editoriales a estos nuevos retos. Será necesario realizar estudios que permitan evaluar si el uso de este tipo de recursos no solo facilita la labor docente, sino algo mucho más importante, si mejora el rendimiento del alumno y su adquisición de conocimientos y competencias en la materia. Las editoriales anglosajonas llevan integrando sus recursos en las plataformas del docente desde hace tiempo (se puede consultar en: Pearson y WileyPLUS), pero deberemos estudiar si esa experiencia en nuestras universidades es adecuada y puede llegarse a implantar y, por supuesto, valorarlo entre todos: alumnos, docentes y editoriales educativas.

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