Beneficios psicológicos del deporte en aficionados: una aproximación neurobiológica

1. Introducción

Los beneficios de la actividad física sobre diferentes aparatos y sistemas del organismo están bien demostrados. Más difícil ha sido demostrar de manera rigurosa los efectos en la esfera psicológica. Se habla en pasado porque hasta que no se han desarrollado técnicas de exploración relativamente incruentas, la información era bien procedente de la experimentación animal o subjetiva en seres humanos.
imagen1 Los efectos del ejercicio se encuentren ligados a dos hechos. En primer lugar, a cuestiones de índole psicológico tales como el área cognitiva. En segundo lugar, a cuestiones de índole biológico. Sin embargo, esta delimitación además de incongruente es absurda, dado que los efectos del ejercicio físico se centran, en última instancia, en el Sistema Nervioso (SN), ya que tanto en su organización morfológica como funcional, este extraordinario órgano no distingue entre aspectos cognitivos y fisiológicos. Cuando un animal, por ejemplo, se mueve las respuestas fisiológicas (contracción de la musculatura, aceleración del corazón y de la respiración, por ejemplo) son consecuencia de un análisis de la situación (reacciones de huida o ataque, por ejemplo). La unión de las dos líneas (psicológica y biológica) de abordar los beneficios del ejercicio con cierto rigor científico ha sido posible sobre todo desde el desarrollo de técnicas de imagen del encéfalo. De esta forma ha surgido la psicobiología, disciplina enormemente atractiva que trata de explicar los fenómenos psicológicos desde un conocimiento lo más profundo posible de la morfología y función del Sistema Nervioso (SN).
Los aspectos tratados por la psicobiología en relación con el ejercicio han sido resumidos en un interesante libro1 y que a continuación se exponen de forma esquemática. Nótese como el ejercicio es percibido como estrés, término considerablemente “vago e impreciso” que puede conducir a confusión. En el diccionario de la real Academia de la lengua española definen el estrés como “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves” y es probablemente la idea que la mayor parte de las personas tenga en su cabeza sobre el estrés. Sin embargo, en términos neurofisiológicos, el término estrés no tiene porqué tener una connotación negativa, pues se entiende como una “reacción fisiológica del SN causada por la percepción de situaciones aversivas o amenazantes”. Naturalmente cuando el estrés se hace crónico puede conducir a situaciones patológicas, como sucede en lo que se denomina sobre-entrenamiento (overtraining en lengua anglosajona) o fatiga crónica reversible.
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Como consecuencia de cómo el SN percibe el ejercicio se desencadenan una serie de reacciones, todas ellas positivas, que conducen a la sensación de bienestar que provoca el ejercicio físico realizado de forma sistemática y sistematizada, es decir, cuando se entrena. ¡Es muy importante los calificativos de “sistemática” (sigue un método o sistema) y “sistematizada” (sigue una organización) y el término “entrenamiento” pues, en mi experiencia, para las personas aficionadas tiene una concepción de alto rendimiento. La realidad es que lo que hace cualquier persona que realice ejercicio físico 3 o 4 veces/semana, 1 hora/día y a una determinada intensidad es entrenar. La diferencia respecto a un atleta de élite, naturalmente estriba en el objetivo, pero conceptualmente es exactamente lo mismo.
Finalmente, un comentario sutil procedente al tema. La generación “urbana” de mis padres realizaba mucho ejercicio físico o actividad física, utilícese el término que se quiera. No digamos la que se movía por el campo. Nadie se preocupaba por los efectos psicológicos de toda la actividad física diaria que realizaban: iban andando a casi todos sitios, subían escaleras. Aunque obviamente no se cuantificaba, ciertamente es posible que la generación de mis padres no alcanzara los 10.000 pasos/día de media recomendado por todas las guías de prescripción de ejercicio para la salud y subiera una media de escalones de unos 10 pisos/día (de 50 a 70 pisos/semana). Pero, seguro que tenían percepción de bienestar. El problema era que comían poco y mal.
A continuación se analiza de forma simple los efectos psicobiológicos del entrenamiento, al objeto de que todas las personas aficionadas tengan el “refrendo de lo que sienten”. El que subscribe no es psicólogo, sino un entusiasta de la neurobiología. Por tanto, entenderá fácilmente el lector la orientación que se dará a los beneficios psicológicos del ejercicio en aficionados.

2. Idea sencilla y elemental del encéfalo

Puesto que es en el encéfalo, lo que vulgarmente se llama cerebro, dónde radica todo el “intríngulis” parece procedente exponer la organización, aunque sea elemental, de este extraordinario órgano. Desde su origen embriológico, el encéfalo puede dividirse en 3 partes:

  • 1. Cerebro anterior
  • 2. Cerebro medio
  • 3. Cerebro posterior

Es fácil entender que esta división se realiza de acuerdo a la localización. Para entendernos, el cerebro anterior se localizaría hacia la nariz, el cerebro posterior hacia la nuca y entre ambos en cerebro medio. Lo que sucede en realidad es que en primates el cerebro anterior alcanza tal volumen que embulle al cerebro medio, quedando este dentro y no viéndose en una imagen lateral. Además, el cerebro anterior crece tanto que “desplaza” al cerebro posterior hacia abajo, el cual se conecta con la médula espinal.

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Imagen gracias a Cranial Intelligence Blog

Para que el lector tenga una idea simple, el encéfalo puede representarse de forma esquemática como se ilustra en la figura 1

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Figura 1. Representación “irreal” del encéfalo. Se señalan con flechas las relaciones morfo-funcionales entre las tres partes del encéfalo

Aunque sea una considerable simplificación, desde la concepción del ejercicio físico como “bienestar”, es en una parte derivada del cerebro anterior donde se organiza toda la “respuesta satisfactoria”. Esta parte del cerebro anterior se denomina diencéfalo. No obstante no hay que olvidar que las tres partes del encéfalo participan de forma activa en la sensación de bienestar, como se pretende indicar por las flechas. Desde el objeto de “bienestar, lo que interesa saber es que esta estructura del cerebro anterior se relaciona directamente con el telencéfalo, también parte del cerebro anterior primitivo. Es en el telencéfalo donde se “hace “consciente” la información enviada por el diencéfalo.
Por la importancia y su relación con el objetivo de este documento, el diencéfalo se ocupa de:

  • 1. Recibir y procesar toda la información procedente de músculos articulaciones y piel. Además recibe la información lumínica para determinar los ritmos biológicos en relación con el estado de vigilia o sueño
  • 2. Controlar y dirigir la respuesta endocrina
  • 3. Controla la temperatura, la ingesta de alimentos y líquido
  • 4. Interviene en la regulación de la respuesta motora
  • 5. Interviene en la regulación de la respuesta vegetativa, es decir, del aparato digestivo, aparato respiratorio y sistema cardiovascular

3. El sistema nervioso responsable de percibir el ejercicio físico como positivo

Siguiendo con la simplificación descrita en el epígrafe anterior, al entrenar el diencéafalo integra toda la información señalada, la procesa y coordina una respuesta “placentera y de bienestar”. Así a las funciones generales señaladas anteriormente se pueden adscribir los siguientes aspectos prácticos
Una mejor condición física relacionada con la mejor recepción de la información (función número 1), una mejor respuesta cardiovascular y respiratoria (función número 5).
El resultado práctico es que el deportista aficionado se siente más fuerte, más resistente y más ágil. Así, la realización de una determinada tarea cotidiana como ir la compra, el deportista aficionado:

  • 1. percibe como liviana respecto a la sensación previa antes de iniciar el programa de entrenamiento.
  • 2. percibe que la respuesta de su corazón y aparato respiratorio es menor (menor número de latidos y “sin jadear”) que antes de iniciar el programa.
  • 3. Percibe que sus músculos se cansan menos

Además de las “sensaciones percibidas” durante la realización del ejercicio, la persona que realiza ejercicio físico de forma continua se “siente bien”. Como se ha señalado en el epígrafe anterior, si bien es una visión muy reduccionista, la sensación de bienestar radica en como su diencéfalo procesa toda la información de manera que probablemente experimente modificaciones a nivel bioquímico y celular. Como esta parte del cerebro anterior se relaciona directamente con la “parte consciente” del mismo, el telencéfalo, la persona “verbaliza” senstirse mejor a consecuencia del entrenamiento. De forma sucinta se explicará brevemente las bases neuropsiocológicas de los efectos positivos del ejercicio, más allá de las consideraciones que sobre la salud obviamente tiene.

3.1 Mejor percepción en tareas cotidianas

La percepción de cómo se percibe el ejercicio data de los estudios de un investigador con una enorme intuición y sentido común2. Si el lector no está familiarizado con la búsqueda de artículos científicos, puede teclear en google “escala de Borg” y encontrará en imágenes escalas parecidas a la de la figura.
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Este ingenioso y práctico investigador se le ocurrió establecer una escala, mundialmente reconocida, en función de la frecuencia cardiaca. La escala era y es muy pertinente cuando no se dispone de un dispositivo que registre el número de latidos/minuto. Ciertamente hoy cualquier teléfono móvil avanzado tecnológicamente te da la posibilidad de controlar los latidos cardíacos, la distancia recorrida etc. La base neurobiológica de la escala de Borg es la señalada en la figura. La información sobre la intensidad entra por el cerebro posterior, llega al diencéfalo que la procesa y es enviada al telencéfalo que la “representa” como ligera, moderada etc. El resultado práctico es el señalado más arriba: “¡cuando subo los tres pisos de la escalera de mi casa no me tengo que parar!”
Dada la actividad física laboral nula, por lo menos en el mundo urbano, es suficiente con movernos a una intensidad de 11 o 12 en la escala de Borg para que el resultado psicobiológico sea positivo. Lo que sucede es que el encéfalo es muy sabio y cuando se ha alcanzado un determinado nivel se necesita incrementar la intensidad. ¡Ojo con hacer caso a nuestro encéfalo, no vaya a ser que caigamos en la exageración!. Si nos sentimos bien con un nivel de 12 o 14 no hay que obsesionarse con llegar a 20. ¡Queremos ser deportistas aficionados, nada más!

3.2 Mejor sensación general de bienestar.

Diversos investigadores han propuesto escalas para valorar el estado bienestar experimentado por las personas que practican actividad física de forma regular. Estos estudios, además de evaluar la condición de “sentirse mejor” han intentado proponer teorías relativas a los mecanismos que explican esta percepción en las personas activas respecto a las sedentarias. A continuación algunos ejemplos sobre las teorías y mecanismos propuestos.

  • 1. El descubrimiento de sustancias con efectos “similares al opio” (sustancias opiodes endógenos) permitió sugerir que los efectos analgésicos del entrenamiento eran debidos a la elevación de la concentración de estas sustancias.
  • 2. La liberación de determinadas hormonas, denominadas de estrés (corisol, adrenalina y noradrenalina) se ha asociado tanto a la percepción del ejercicio como a los efectos del entrenamiento.
  • 3. Finalmente y entrando en terreno de la especulación a juicio del que subscribe, están los estudios relativos a la relación del entrenamiento con: la personalidad, la respuesta inmune, los efectos sobre el ciclo sueño-vigilia, la neurogénesis (favorecer el desarrollo cerebral y aprendizaje y, finalmente, la mejora de estados psicopatológicos (depresión ansiedad, etc). A continuación, algunos comentarios a los efectos señalados:
    • Es posible, si bien discutido y controvertido desde el punto de vista científico, que se duerma mejor a consecuencia del entrenamiento.
    • Parece demostrado que el ejercicio aeróbico mejora la cantidad de sangre que circula por una región del diencéfalo donde parece que se produce la neurogénesis. Mediante estudios histológicos se verificó en ratones un aumento de la neurogénesis relacionado con el aumento del volumen de sangre. Ello induce a pensar que el ejercicio podría facilitar la neurogénesis en el cerebro humano.

En resumen, el entrenamiento desencadena unos efectos positivos a nivel psicoógico. Se insiste en la palabra entrenamiento, que es realizar ejercicio regular supervisado. No se trata de realizar ejercicio los fines de semana, sino “atacar” la vida sedentaria que tenemos en la actualidad. Hasta hace relativamente poco tiempo, la información disponible se basaba sólo en estudios en animales de experimentación. En la actualidad, los efectos positivos del entrenamiento están siendo puestos de manifiesto gracias al avance de técnicas incruentas y de imagen. La raíz neuropiscólógica del ejercicio radica en el conocimiento de cómo funciona el sistema nervioso. El sistema nervioso reacciona al estrés del ejercicio de forma natural. Pero cuando se “intenta superar” la respuesta, el sistema nervioso puede reaccionar de forma anormal y ocasionar efecto negativos. Por tanto, realizar actividad de forma sitemática y sistematizada con valores en la escala de Borg que no superen el valor 13, son mas que suficiente para “sentirse mejor”.

Bibliografía

1Psychobiology of Physical Activity. Edmund O. Acevedo, Panteleimon Ekkekakis (Editors). Human kinetics, Champaign II
2Borg, G.A.V.. Psycophysical bases of perceived exertion. Medicine an Science in Sports and exercise, 1973: 14,377-381

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